
Clasificadas en dos grandes variedades, de enrame (de vaina gruesa y aplanada), y enanas (de vaina estrecha y redondeada), las chauchas también pueden catalogarse por su color. Existen frutos verdes, amarillo jaspeado con marrón, rojos sobre verde, entre otros, aunque los más demandados por el consumidor son los verdes y amarillos con forma tanto cilíndrica como acintada.
Respecto a la calidad de las vainas, deben tenerse en cuenta algunos aspectos: la chaucha tiene que estar entera, limpia, bien formada, sin manchas ni heridas y no puede presentar decoloraciones, pues equivale a falta de frescura. Evite además aquellas que tienen hilo o pergamino. Al tocarla, la hortaliza no puede estar dura, aunque tampoco tan blanda que al acercar ambos extremos no se rompa, porque significa que no está fresca.
Cómo prepararlas.
Antes de cocinarlas es necesario remover el filamento longitudinal que presentan algunas variedades. En todos los casos además, deben pasar por un proceso de blanqueado, es decir, hay que introducirlas en agua hirviendo durante algunos minutos, los suficiente para que queden a punto, dependiendo de su tamaño. No se deben cocer en exceso porque perderían gran parte de sus nutrientes. El agregado de sal se realiza al final de la cocción para evitar que se endurezcan. Al retirarlas del fuego es sustancial introducirlas en agua con hielo para detener su cocción. Luego de este procedimiento, el vegetal se encuentra en condiciones de ser salteado, guisado, horneado, procesado o grillado, de acuerdo a la preferencia de su consumidor.
Próximamente recetas variadas para aprovechar una verdura con tantos aportes nutricionales.